Más de 60.000 personas se congregaron en el Par Vial de la Carrera 50 para acompañar a Iván Cepeda Castro, candidato presidencial del Pacto Histórico, en el acto de cierre de su campaña electoral. El lugar se convirtió en un río humano que abarcó ocho cuadras, visiblemente emocionado. “Les doy un abrazo. Gracias Barranquilla. Gracias”, expresó.

Fue aquí, en el corazón del Caribe colombiano, donde Cepeda decidió culminar su recorrido, afirmando sentirse en su tierra por sus raíces maternas y ancestros de origen libanés, y rindiendo homenaje al legado de lucha de su familia, perseguida por sus convicciones. Como defensor de derechos humanos y congresista, recordó que ha estado siempre al lado de las comunidades originarias, afrodescendientes, campesinos y víctimas, y que no ha dudado en enfrentar a los clanes y poderes que históricamente han dominado la región. 

Con firmeza, cuestionó el respaldo de un importante medio de comunicación local a lo que calificó como una “opción fascista” en esta contienda, calificando la decisión como “deplorable”.
 
Bajo el título Ocho rasgos distintivos de nuestro segundo gobierno progresista, Cepeda expuso los lineamientos de su propuesta de país, convencido de que el próximo 31 de mayo la victoria se dará en primera vuelta. Destacó que su campaña se construyó desde el diálogo permanente en las calles, alejada de la política del espectáculo, de las alianzas con poderes económicos o mediáticos y de la necesidad de aparentar lo que no son. “No necesitamos maquillajes, nosotros somos del pueblo”, afirmó.

 Cepeda resaltó que han recorrido todo el territorio nacional, sumando a más de un millón de personas en sus actos, movilizados por la fuerza de la Alianza por la Vida. Junto a su fórmula, Aída Quilcué —la primera mujer indígena en aspirar a la Vicepresidencia—, planteó que gobernarán bajo principios claros.

El primero es la justicia social y la equidad. A diferencia de gobiernos pasados que favorecieron a los privilegiados, su administración pondrá al Estado al servicio de los excluidos, los pobres y las víctimas, entendiendo que trabajar por quienes más sufren es construir una nación estable y justa para todos, sin opulencia ni desigualdad extrema.
 
El segundo eje de su propuesta es la construcción de oportunidades para todos. Según explicó, reducir las brechas históricas y proteger a quienes nunca fueron protegidos beneficia a toda la sociedad: trabajadores, clases medias, regiones olvidadas y también al sector productivo. “Todos podemos ganar y crecer juntos”, señaló, al tiempo que prometió impulsar una economía diversa donde grandes y pequeños empresarios tengan garantías para invertir. 

Como tercer punto, lanzó una advertencia contundente a los poderes locales: su gobierno será de manos limpias y la lucha contra la corrupción será implacable. “Que tiemblen las familias poderosas de la costa”, expresó, al denunciar que la corrupción ha convertido lo público en negocio y saqueado los recursos de salud y educación. Para Cepeda, los corruptos son enemigos del pueblo y no habrá intocables: la ley se aplicará venga de donde venga y caiga quien caiga.
 
El cuarto rasgo se centra en la austeridad republicana: “Quien debe apretarse el cinturón es el gobierno, no el ciudadano”, sentenció. Prometió eliminar lujos, salarios exorbitantes y privilegios en la alta función pública, dando el ejemplo desde el poder con modestia y honestidad. 

A su vez, garantizó que su gestión se basará en la construcción de consensos, la democracia y la legitimidad, rechazando el autoritarismo y la imposición. Hizo un balance de lo logrado por el actual gobierno en la región: 128 mil hectáreas entregadas a campesinos, 450 mil personas sacadas de la pobreza, gratuidad en educación superior para 212 mil jóvenes y beneficios para 800 mil adultos mayores. Sin embargo, reconoció que falta camino por recorrer para garantizar agua potable, solucionar el déficit energético y reducir tarifas, retos que asumirá con la reforma agraria y justicia social.
 
Finalmente, Cepeda llamó a sus seguidores a no bajar la guardia hasta el día de la elección. “Que no quede una sola pared sin nuestros murales, ni una puerta sin tocar”, indicó, al asegurar que cuanto más intenten negar su victoria, más miedo tienen sus oponentes. Con la mirada puesta en el 1 de junio, fecha en la que iniciará el empalme con el gobierno del presidente Gustavo Petro —otro líder caribeño—, cerró su intervención reafirmando que la ola progresista es imparable y que el cambio profundo que Colombia necesita está más cerca que nunca.