El ministro del Interior, Armando Benedetti, ha propuesto reactivar las conversaciones con las bandas criminales ‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’ como estrategia para reducir el sicariato y los homicidios en Barranquilla y el departamento del Atlántico. Durante una reciente visita a la ciudad, Benedetti destacó que los diálogos previos habían contribuido significativamente a la disminución de estos crímenes, lo cual es un indicador positivo para la seguridad de la región.
Benedetti subrayó que, aunque estas conversaciones no constituyen un proceso de paz formal, es fundamental mantener el diálogo con estos grupos. “Lo que se tiene contemplado es seguir, no será un proceso de paz, pero sí mantener conversaciones con esos grupos porque no hay que negarlo, esas conversaciones disminuyeron el tema de sicariato en la ciudad”, manifestó el ministro. Esta postura refleja un enfoque pragmático ante una situación compleja que ha afectado a la comunidad durante años.
El alto funcionario también mencionó que los índices de sicariato mostraron una mejoría durante el último trimestre del año pasado, coincidiendo con el periodo en que se llevaron a cabo estas conversaciones. Esto sugiere que el diálogo puede ser una herramienta eficaz en la lucha contra la violencia en la región. “Por eso hay que tratar de volver a reactivar esas conversaciones”, insistió Benedetti en una rueda de prensa celebrada en el Comando de la Policía en Barranquilla.
Sin embargo, la propuesta de reanudar estas conversaciones no ha estado exenta de controversia. Recientemente, el alcalde de Barranquilla, Alex Char, rechazó la posibilidad de trasladar a alias ‘Castor’ y ‘Digno Palomino’, líderes de ‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’, a cárceles en la ciudad. Esta decisión ha generado un debate sobre la viabilidad de continuar con las negociaciones y la percepción pública acerca de la seguridad en Barranquilla.
A medida que el gobierno busca alternativas para enfrentar la violencia, la reactivación de estos diálogos podría ser una opción a considerar. La situación en Barranquilla y el Atlántico es un recordatorio de la complejidad del problema del crimen organizado, y la necesidad de abordar la seguridad de manera integral y con un enfoque que incluya a todos los actores involucrados.





