En el marco del Día Internacional de los Bosques, establecido por la Organización de las Naciones Unidas, el alcalde Alejandro Char reafirma su compromiso con la sostenibilidad ambiental urbana con iniciativas que cuidan y mantienen más de 136.646 árboles distribuidos en las 5 localidades de la ciudad, incluyendo una red de 5 bosques urbanos en 3 localidades, que funcionan como pulmones verdes para sus habitantes.
• 136.646 árboles bajo mantenimiento
• 500 jardineros en campo
• 6 jornadas semanales de trabajo
• 50 kg capturados por árbol al año
• 500 L de agua lluvia retenidos por árbol
• 20°C reducción en sensación térmica bajo sombra
Infraestructura verde al servicio de la ciudad
Barranquilla cuenta con una red de 5 bosques urbanos ubicados estratégicamente en las localidades Suroccidente, Norte – Centro Histórico y Riomar:
1. Bosque Urbano de Miramar
2. Bosque Urbano Campo Alegre
3. Bosque Urbano Hogar Caribe
4. Bosque Urbano Ciudad Caribe
5. Bosque Urbano El Pueblo
Estas áreas verdes, gestionadas integralmente por el programa distrital Siembra Más, constituyen lo que los expertos denominan infraestructura verde urbana: ecosistemas que regulan el clima, mejoran la calidad del aire, conservan la biodiversidad y elevan la calidad de vida de los barranquilleros.
Cada bosque urbano alberga entre 2.500 y 6.000 árboles de diversas especies nativas y adaptadas al clima tropical de la ciudad, entre las que se destacan la ceiba blanca (Hura crepitans), el mangle plateado (Conocarpus erectus), el roble morado (Tabebuia impetiginosa), el almendro (Terminalia cattapa) y la imponente ceiba bonga (Ceiba pentandra), el árbol de mayor porte registrado dentro del programa.
«Los bosques urbanos no son simplemente áreas verdes decorativas. Son infraestructura viva que trabaja las 24 horas del día regulando el clima, purificando el aire y protegiendo el recurso hídrico de Barranquilla. Son, en su esencia, una inversión en la salud y el bienestar de todos los barranquilleros», indicó Richard Fernández, gerente de Siembra Más.
El impacto ambiental de estos ecosistemas es cuantificable y significativo. En el clima tropical de Barranquilla, con su alta actividad fotosintética, cada árbol adulto es capaz de capturar entre 30 y 50 kilogramos de CO₂ al año, retener entre 100 y 500 litros de agua lluvia —reduciendo el riesgo de inundaciones— y generar entre 20 y 100 metros cuadrados de sombra que disminuyen la sensación térmica hasta en 20 grados centígrados en su entorno inmediato. A escala de ciudad, la cobertura arbórea puede reducir entre 3 y 8 grados la temperatura urbana percibida.
El equipo detrás de la transformación verde
El programa Siembra Más, de la Alcaldía de Barranquilla, opera con una estructura logística de alto alcance que garantiza la cobertura permanente de las 5 localidades de la ciudad. Con aproximadamente 500 jardineros distribuidos en múltiples frentes de trabajo y una flota de cerca de 50 vehículos —que incluye carrotanques, volquetas, camiones, motos y maquinaria especializada como trituradoras de madera y motosierras de altura—, el programa ejecuta 6 jornadas diarias de mantenimiento a la semana.
El mantenimiento de cada árbol urbano contempla un conjunto de actividades técnicas especializadas que incluyen poda de formación, fertilización orgánica y química, control fitosanitario, limpieza del entorno y riego programado. Los árboles jóvenes reciben riego diario durante sus primeros 15 días tras la siembra, mientras que los ejemplares adultos se riegan en días alternos, con un suministro de 20 litros por árbol en cada jornada. En períodos de sequía intensa, característicos del verano barranquillero, los riegos se programan en horario nocturno para optimizar la absorción hídrica y reducir la evaporación.
La fertilización, realizada con compost orgánico y fertilizantes químicos en una proporción de 10 kilogramos por árbol cada 3 meses, asegura el desarrollo radicular y la estabilidad estructural de los ejemplares, especialmente durante las épocas de viento fuerte y brisa intensa que caracterizan el clima de la ciudad.
“Barranquilla a otro nivel significa también una ciudad más verde, más fresca y más sostenible. Cada árbol que sembramos y cuidamos es una apuesta concreta por la calidad de vida de los barranquilleros de hoy y de las generaciones que vienen”, afirmó Fernández.
Una apuesta de largo aliento
La magnitud del trabajo que realiza el programa distrital se comprende mejor cuando se analizan algunas cifras que reflejan la escala de la operación. Solo para mantener el Bosque Hogar Caribe —uno de los nodos de la red de bosques urbanos, con cerca de 2.700 árboles— se requieren aproximadamente 54.000 litros de agua en cada jornada de riego completo. Extrapolada a la totalidad del arbolado urbano, la operación hídrica del programa representa un esfuerzo logístico comparable al de un sistema de distribución de agua a pequeña escala.
Un árbol urbano en Barranquilla tarda en promedio 10 años en alcanzar su madurez, y puede vivir entre 40 y 150 años. Cada árbol sembrado hoy es, por tanto, una obra de largo aliento —una inversión en verde que trasciende administraciones y generaciones—. Las especies más plantadas por el programa son roble morado (Tabebuiaimpetiginosa), almendro (Terminalia cattapa) y acacia rojo (Delonix regia), todas con alta capacidad de adaptación al clima tropical y la brisa barranquillera.
El Día Internacional de los Bosques fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012 para celebrar cada 21 de marzo. Su propósito es concienciar a la sociedad global sobre la importancia de los bosques —tanto naturales como urbanos— como sistemas vitales para la vida en el planeta. En el contexto de la crisis climática, los bosques urbanos han adquirido una relevancia particular: son la respuesta de las ciudades al aumento de temperaturas, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la calidad del aire.
Barranquilla, con su apuesta sostenida por la arborización urbana, desde el plan de desarrollo del alcalde Alejandro Char, y a través del programa Siembra Más, se posiciona en la línea de las ciudades latinoamericanas que entienden el verde urbano no como ornamento, sino como infraestructura esencial para la vida.








