El desarrollo socioeconómico de los pueblos no ocurre por casualidad: es el resultado de una visión compartida y de una articulación efectiva entre lo público y lo privado.

El reciente balance del Carnaval del Atlántico, sí del Atlántico, el que se hace en los municipios y que alimenta a nuestro hermoso Carnaval de Barranquilla, así lo demuestra.

No hablamos únicamente de una celebración cultural; hablamos de un modelo de gestión territorial que genera confianza, movimiento económico y bienestar para la gente.

Durante las festividades logramos una reducción del 35 % en riñas en el área metropolitana de Barranquilla, no se registraron homicidios asociados a eventos del Carnaval en los 18 municipios restantes que son jurisdicción del Departamento de Policía Atlántico —DEATA.

Movilizamos 53.752 vehículos con cero pruebas de alcoholemia positivas, cero inmovilizaciones y cero comparendos. En materia aérea, entre el 12 y 16 de febrero, se movilizaron 60.768 pasajeros (30.853 llegaron y 29.915 salieron) a través de 586 operaciones de aviación comercial y general. 

Además, desde la Secretaría de Salud desplegamos una estrategia preventiva que impactó a cerca de 450.000 personas y mantuvo una vigilancia epidemiológica activa en los 22 municipios.

Estas cifras no son aisladas. Son el reflejo de un engranaje institucional que funciona cuando existe coordinación, tecnología de punta aplicada a la seguridad, control en las vías y corresponsabilidad ciudadana, y sobre todo son la base que permite que el territorio se proyecte con confianza ante Colombia y el mundo.

El Carnaval del Atlántico no compite con el Carnaval de Barranquilla; lo complementa. La fuerza cultural de Barranquilla irradia hacia nuestros municipios y amplía la experiencia del visitante, aunque es importante precisar que fue en los municipios ‘donde todo comenzó’ como reza su eslogan publicitario.

Esa sinergia fortalece la marca territorial del Atlántico como un destino integral: tradición, playa, naturaleza, deporte náutico y patrimonio histórico.

Algunas cifras puntuales lo evidencian. En el centro gastronómico Muelle 1888 recibimos 9.000 visitantes, con ventas aproximadas de $280 millones. En las Playas de Sabanilla llegaron 1.200 personas y ventas cercanas a los $32 millones. Y en Salinas del Rey, la primera playa de América con Bandera Azul con perfil deportivo, se registraron 600 visitantes durante el fin de semana.

Detrás de cada cifra, por muy pequeña que parezca, hay empleo, vendedores informales que incrementan sus ingresos, restaurantes que amplían su facturación, operadores turísticos que consolidan su oferta y familias que encuentran en el turismo una oportunidad real de progreso.

Eso es marca de territorio: cuando la seguridad, la salud pública y la movilidad funcionan, el turismo crece; cuando el turismo crece, la economía local se dinamiza; y cuando la economía local se dinamiza, la calidad de vida mejora.

Apostamos por la organización del espacio público, por el ordenamiento de playas, por la tecnología en la seguridad que hoy permite hacer reconocimiento facial en segundos y por la cultura ciudadana.

El Carnaval es cultura, identidad y tradición, y también es economía, inversión y reputación territorial. Cuando entendemos que no se trata de competir sino de complementarnos, logramos que el Atlántico se consolide como un destino robusto, diverso y sostenible.

El desarrollo socioeconómico de los pueblos no ocurre por casualidad: es el resultado de una visión compartida y de una articulación efectiva entre lo público y lo privado.

El reciente balance del Carnaval del Atlántico, sí del Atlántico, el que se hace en los municipios y que alimenta a nuestro hermoso Carnaval de Barranquilla, así lo demuestra.

No hablamos únicamente de una celebración cultural; hablamos de un modelo de gestión territorial que genera confianza, movimiento económico y bienestar para la gente.

Durante las festividades logramos una reducción del 35 % en riñas en el área metropolitana de Barranquilla, no se registraron homicidios asociados a eventos del Carnaval en los 18 municipios restantes que son jurisdicción del Departamento de Policía Atlántico —DEATA.

Movilizamos 53.752 vehículos con cero pruebas de alcoholemia positivas, cero inmovilizaciones y cero comparendos. En materia aérea, entre el 12 y 16 de febrero, se movilizaron 60.768 pasajeros (30.853 llegaron y 29.915 salieron) a través de 586 operaciones de aviación comercial y general. 

Además, desde la Secretaría de Salud desplegamos una estrategia preventiva que impactó a cerca de 450.000 personas y mantuvo una vigilancia epidemiológica activa en los 22 municipios.

Estas cifras no son aisladas. Son el reflejo de un engranaje institucional que funciona cuando existe coordinación, tecnología de punta aplicada a la seguridad, control en las vías y corresponsabilidad ciudadana, y sobre todo son la base que permite que el territorio se proyecte con confianza ante Colombia y el mundo.

El Carnaval del Atlántico no compite con el Carnaval de Barranquilla; lo complementa. La fuerza cultural de Barranquilla irradia hacia nuestros municipios y amplía la experiencia del visitante, aunque es importante precisar que fue en los municipios ‘donde todo comenzó’ como reza su eslogan publicitario.

Esa sinergia fortalece la marca territorial del Atlántico como un destino integral: tradición, playa, naturaleza, deporte náutico y patrimonio histórico.

Algunas cifras puntuales lo evidencian. En el centro gastronómico Muelle 1888 recibimos 9.000 visitantes, con ventas aproximadas de $280 millones. En las Playas de Sabanilla llegaron 1.200 personas y ventas cercanas a los $32 millones. Y en Salinas del Rey, la primera playa de América con Bandera Azul con perfil deportivo, se registraron 600 visitantes durante el fin de semana.

Detrás de cada cifra, por muy pequeña que parezca, hay empleo, vendedores informales que incrementan sus ingresos, restaurantes que amplían su facturación, operadores turísticos que consolidan su oferta y familias que encuentran en el turismo una oportunidad real de progreso.

Eso es marca de territorio: cuando la seguridad, la salud pública y la movilidad funcionan, el turismo crece; cuando el turismo crece, la economía local se dinamiza; y cuando la economía local se dinamiza, la calidad de vida mejora.

Apostamos por la organización del espacio público, por el ordenamiento de playas, por la tecnología en la seguridad que hoy permite hacer reconocimiento facial en segundos y por la cultura ciudadana.

El Carnaval es cultura, identidad y tradición, y también es economía, inversión y reputación territorial. Cuando entendemos que no se trata de competir sino de complementarnos, logramos que el Atlántico se consolide como un destino robusto, diverso y sostenible.